Reto 12 meses, 12 libros: Mayo

¡Hola mis hermosas! ¿Cómo las trata la vida? Después de un mayo que me absorbió por completo -en el trabajo estuve a full con las horas extras y el fin del primer trimestre escolar-, regreso momentáneamente por acá con la reseña del libro seleccionado para mayo, a propósito de la consigna: Una biografía/ Un libro epistolar.


Como no soy amante de las biografías, opté por la segunda opción como excusa para releer uno de mis clásicos favoritos: Drácula [1897], de Bram Stoker, a propósito de la nueva edición que compré para reponer la anterior que mi hermano se quedó. Como anticipé, la novela es de tipo epistolar, es decir, consiste en la lectura de una serie de documentos, siendo, en su mayoría, los diarios de los personajes. La obra se abre con el diario de Jonathan Harker, un joven abogado inglés de Londres comprometido con la joven y bellísima institutriz Wilhemina Murray (Mina) se encuentra en la ciudad de Bistritz y debe viajar a través del desfiladero del Borgo hasta el remoto castillo del conde Drácula, para cerrar unas ventas con él. Durante el tiempo en que éste es huésped del conde, va descubriendo que la personalidad de Drácula es cuanto menos, extraña: no se refleja en los espejos, no come nunca en su presencia y hace vida nocturna; lo que poco a poco lo lleva a descubrir la otra cara del Conde: la de un ser despreciable, ruin y despiadado que no sólo planea acabar con él, sino llevar su maldad a Londres.. y no les cuento más. 

Personalmente considero que una de las bellas experiencias que tiene la relectura de un libro es el encuentro de uno mismo: a esta novela la conocí en mi tardía adolescencia por la mítica de su personaje, luego la releí segunda vez por su estructura narrativa; y ahora que de cierto modo decidí quitarle un poco de importancia a su personaje central, vuelve a conquistarme con la elaboración de sus personajes, que había dejado de lado en las anteriores lecturas. Si me pidieran definir esta ficción, bien podría decir que es uno de los grandes textos de terror de la literatura mundial; pero conviene no dejar de lado su componente fantástico que parte de la realidad para luego transformarse en un territorio donde los personajes dudan -del principio hasta el final- de aquello que están viviendo. No por ello es menos significativo el hecho de que justo sean los doctores Seward y Van Helsing quienes continuamente intenten convencerse de una realidad que los supera, no pueden explicar y en consecuencia, a menudo intenten persuadirse de que se trata de un sueño del que no pueden despertar. En este sentido, es loable la actitud de Stoker alponer en duda el discurso positivista, que incapaz de explicar un fenómeno, lo envía al terreno de la superstición cuando en realidad se trata de algo complejo que necesita de otro abordaje; y que en este sentido, la ciencia sigue en pañales. Los personajes fueron mi parte favorita: estos a pesar de estar muy bien definidos, cambian a lo largo del texto, demkostrando un alto nivel de complejidad. Pensemos por ejemplo en Jonathan, que pasa de la razón a la locura; y de la cordura a la valentía tras pasar por la experiencia con el Conde; Arthur, que marcado por el dolor lo transforma en una motivación y la misma Mina Harker cuya inocencia no tarda en convertirse en astucia. Amemos al intrépido Quincey, del que se dice poco pero simpatiza mucho. En fin, es una novela que recomiendo por todo esto y por más, motivo por el que estoy segura de que la releeré. 
Y así vamos:


¿Conocían esta novela?
¿Son amantes de la literatura de terror?
¡Nos vemos!

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